ZEPTTO
Hablemos bien claro

“Me rompieron el corazón” por Juan Pablo Santos

Posiblemente esta frase es una de las más recurrentes en mi consultorio, no se ustedes pero yo creo que el amor puede ser tan emocionante y arriesgado como la vida misma, pues no tenemos certeza de saber cuánto tiempo durará pero mientras llega a su final podemos disfrutar y extraer lo mejor de cada momento y por supuesto que eso incluye a los conflictos pues al final del día podemos tener la posibilidad de acumular las experiencias y los aprendizajes vividos para madurar poco a poco nuestra concepción de pareja y de amor.

Cuando “nos rompen el corazón” pareciera que hay una sensación casi universal, pues en ese instante sentimos que el mundo se nos vino encima, aunado a ello toca a nuestra puerta una creencia de pensar que jamás podremos volver a enamorarnos de otra persona pues nos atrevemos a afirmar <sin temor a equivocarnos> que él o ella eran el amor único e irrepetible de nuestra vida.

Yo sé que en esos momentos de dolor, tristeza y enojo llegamos a deducir que la vida misma nunca volverá a ser igual ¿y saben algo? Hasta cierto punto tenemos razón, pues ahora existe la posibilidad de transformar nuestro sufrimiento en combustible para impulsar nuestro crecimiento personal y emocional, pues un duelo bien elaborado nos habilita para ver que esa persona que ya no está a nuestro lado posiblemente sí nos rompió el corazón pero no se llevó nuestra capacidad de amar.

Ante una crisis de esta índole (ruptura amorosa) indiscutiblemente es necesario comenzar a responsabilizarnos de nuestro dolor, y lo podemos hacer otorgándonos el permiso para transitar amorosamente por nuestro duelo pues negar la idea de vivir por un tiempo con el corazón roto, nos sentará en el banquillo de la negación lo que hará más complicada nuestra recuperación.

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Yo entiendo que no es común que nos preparen para sobrellevar procesos de este tipo, inclusive en algunas ocasiones algunos familiares o amigos llegan a minimizar nuestro dolor y lo escribo porque seguramente te ha tocado escuchar frases como: “llora cuando yo me muera”, “no llores por él o por ella” ente muchas otras.

El <no llores> me parece que tiene una implicación mucho más profunda, pues la gente dice eso porque en realidad no saben qué hacer con tus lágrimas ya que para ellos es un momento muy incómodo de ahí la importancia de buscar espacios terapéuticos donde sí sepan que hacer con tus emociones.

El desencanto de la vida es una reacción común en el/la doliente, pues pareciera que nos ponemos de forma temporal unos lentes obscuros con los que nos cuesta mucho trabajo verle o encontrarle el sentido a nuestra propia existencia, por eso la escuela de la Logoterapia habla de la actitud (forma en la que nos comportamos o actuamos) que tomamos frente a las situaciones que no elegimos vivir.

Te invito a que solo por curiosidad vuelvas a decirle SÍ a la vida, a que veas que las rupturas amorosas pueden asumirse como una maldición por haberte quedado con el corazón roto sin posibilidades de crecimiento y hasta quedarte en la peor de las posturas humanas: la resignación <ver la vida de brazos cruzados con la férrea idea de no poder hacer nada ante tu dolor> o bien, vivir tu desencuentro amoroso como una bendición por haberte permitido reasignar la ruta de tu vida y tener la seguridad de que llegarás a un mejor puerto. ¿Cuál eliges?

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